Ya se vende en Colombia






Ya se vende en Colombia

Resultado de imagen para marihuana medicinalPero más allá de la discusión política o científica, lo cierto es que en Colombia ya existe un incipiente mercado de productos medicinales -unos más elaborados que otros- que tienen entre sus ingredientes la marihuana. Aunque no hay cifras oficiales sobre el mismo, pues los estudios están basados en el consumo recreativo de la droga y no en el medicinal, parte del trabajo del Congreso será definir cómo articular las iniciativas de estos pequeños productores con la reglamentación que se expida si se aprueba el proyecto de ley.
Doña Ruth de Salas es un vivo ejemplo del funcionamiento de este mercado. A pesar de que vive en Villavicencio, el gel que utilizó fue adquirido en Cali, donde hay por lo menos siete pequeñas empresas que producen y comercializan pomadas, aceites y ungüentos que tienen entre sus ingredientes el cannabis.
Una de esas iniciativas es Ecojardín Medicinal, liderada por Ximena Mejía, una mujer que a comienzos del 2000 comenzó a explorar y a aprender sobre las propiedades medicinales de las plantas y encontró en este “saber ancestral”, como lo llama, una forma de vida.
Ximena fabrica geles, aceites, almohadas terapéuticas, esencias y cremas a partir de hierbas medicinales, entre ellas el cannabis. Sus productos, dos de los cuales tienen como ingrediente principal la marihuana, son promocionados a través de internet y distribuidos en ferias, eventos artesanales, culturales y centros comerciales.
Su experiencia de casi diez años (Ecojardín Medicinal comenzó a funcionar en el 2005) la ha posicionado en el mercado local e, incluso, sus productos son solicitados en otras ciudades de Colombia, como fue el caso de Ruth de Salas.

Resultado de imagen para marihuana medicinalPequeños productores en Cali

Pero Ximena no es la única persona de la ciudad en aventurarse a producir y comercializar medicamentos que, de acuerdo con el Código Penal, no están aceptados por contener entre sus compuestos una sustancia considerada ilegal.
Diana*, una joven caleña, inició a comienzos de este año un negocio similar, que ha ido creciendo con el paso de los meses. “La mayoría de mis clientes son adultos mayores que sufren de enfermedades como artritis, osteoporosis o cáncer, pues los productos ayudan, por ejemplo, a soportar los efectos de la quimioterapia. Pero también la compran deportistas con afecciones musculares y personas que están en postoperatorios”, cuenta.
Ella explica que sus ganancias dependen de como se consiga la planta. Esta, de hecho, es una de sus principales dificultades, pues en Colombia está penalizada la compra, venta, distribución o transporte de la marihuana.
Entonces, se enfrenta a tres posibilidades: la primera conseguirla en el mercado negro, donde puede costar desde $50 mil hasta $300 mil la libra, dependiendo de la variedad y la calidad, pero donde además puede llegar a poner en peligro su seguridad. Allí, además, no obtiene la pureza que necesitan sus productos, pues en muchas ocasiones la planta llega con residuos de químicos y orina que usan los traficantes durante su transporte.
Una segunda opción es la compra de la planta a personas que también elaboran este tipo de productos, las cuales tienen más experiencia en el cultivo, manejo y variedades que se necesitan para los mismos. El problema en este caso es que muy pocos se exponen a venderla y, mucho menos, a transportarla, pues así su objetivo sea medicinal se exponen a penas de cárcel.
El tercer camino, que es el ideal desde el punto de vista económico y de salubridad, aunque no deja de estar en un vacío legal, es el autocultivo. Para esto se necesita identificar qué variedad de la marihuana es la indicada y conseguirla a través de bancos de semillas que se pueden encontrar por internet y que funcionan en algunas ciudades de Colombia o de Europa.
“Envían tres semillas (por un precio aproximado de $50 mil) y de esas plantas salen más. Lo importante es saber qué tipo de cannabis se debe comprar, según la patología, y cómo se cultiva”, explica David Jiménez, un caleño que encontró en la marihuana una alternativa a las drogas psiquiátricas que le recetaban para tratar un trastorno de ansiedad que le dejó una grave meningitis bacteriana.
En el caso de Diana el negocio aun es inestable, tanto en términos de producción como de ventas. La elaboración de una de sus pomadas cuesta cerca de , aunque el precio varía dependiendo de dónde consiga el cogollo. En 40 pomadas se usan cerca de 50 gramos de cannabis, junto a otros ingredientes, como la caléndula, que en el mercado no supera los $3 mil la libra. El resultado es una pomada de 20 gramos que se vende al público entre los $15 mil y $20 mil.
Pero desde hace unos años el mercado está empezando a expandirse. Una productora como Diana puede vender cerca de 40 pomadas y 30 aceites de marihuana cada mes, mientras que productos similares con más antigüedad pueden triplicar su venta y son comercializados en calles del centro de Cali.
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A la ciudad también llegan productos que son elaborados por comunidades indígenas, que por ley son las únicas que pueden cultivar marihuana o coca en el país, siempre y cuando no usen la planta para producir estupefacientes. O los que son hechos por mujeres campesinas, como Natual Sant, que se elabora en una vereda de Caloto y es el sustento de un grupo de mujeres cabeza de familia.
Todos, no obstante, son elaborados artesanalmente y conocidos principalmente gracias al voz a voz. Además, no cuentan con algún control sanitario por parte de las autoridades, pues al tener entre sus ingredientes una sustancia considerada ilegal, el Invima ni siquiera los evalúa.
Hace unos meses, Natalia Izquierdo comenzó a producir y vender productos medicinales, entre ellos un aceite de marihuana. Poco a poco su negocio ha ido creciendo y espera que se convierta en su alternativa de vida.
Lo que se espera es que el mercado de la marihuana medicinal en Colombia, que se mueve entre lo ilegal y poco tecnificado, se convierta en una industria en crecimiento y generadora de empleo, especialmente para comunidades de las zonas de conflicto que ante la pobreza y la falta de oportunidades tomaron el camino del cultivo y el uso de marihuana para fabricación de narcóticos.
Es aquí donde realmente está el gran desafío del Estado colombiano, en caso de que llegara a aprobarse el polémico proyecto de ley. Porque las grandes farmacéuticas multinacionales saben que en el cannabis, como en muchas otras plantas ancestrales, existe la posibilidad de un millonario negocio que, así sea por vías ilegales, está creciendo progresivamente. ¿Qué pasaría entonces con los pequeños productores que hoy ya operan en nuestro país?

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